NISMAN. TRES AÑOS

nisman

Pasaron 3 años desde que el fiscal federal especial de la causa AMIA, Natalio Alberto Nisman, fuera encontrado muerto en su departamento del complejo Le Parc, en Puerto Madero, con un disparo en su cabeza, a pocas horas de haber denunciado a la entonces Sra. Presidente de la República, a quien fuera su  Canciller y a otras altas autoridades del anterior gobierno, y previo a su presentación ante el Congreso de la Nación.
Desde entonces  y  por muchos meses, fue más importante defenestrar al fallecido, su vida privada, su entorno familiar y su carrera profesional, que encontrar la verdad histórica de los acontecimientos.
Fue más importante criticar a quienes marchamos por las calles de la ciudad de Buenos Aires en su homenaje -nunca realizado por las autoridades constituídas, ni siquiera por la Procuración General de la Nación- que criticar a quienes hicieron añicos su denuncia sin, tan solo, investigar si era verosímil la hipótesis planteada por el procurador muerto, con la producción de la prueba por él propuesta.
Fue más importante decir cualquier cosa por los medios periodísticos tradicionales y por las redes sociales por parte de las personas que ejercían importantes cargos públicos a nivel nacional, que dotar a los investigadores naturales del caso de todo el apoyo y la tranquilidad necesarias para el correcto cometido de su misión… Por el contrario, por aquellos días, hasta las más altas autoridades de la Nación se ocuparon de “arriesgar” teorías sobre la muerte violenta del fiscal, calificaciones legales aplicables, posibles responsables, etc.
Fue más importante exacerbar -una y otra vez- el chauvinismo vernáculo anti-EEUU, con alguna dosis de anti-semitismo encubierto, tildando al fiscal muerto de “empleado” de la embajada norteamericana y de la MOSAD, que retomar rápidamente sus investigaciones sobre el atentado más sangriento de la historia argentina y encontrar -finalmente- a los verdaderos autores materiales, autores intelectuales, encubridores y cómplices de la masacre.
Fue más importante hablar públicamente una y otra vez sobre la preservación de la escena del crimen, que haberla preservado efectivamente aquella fatídica noche, evitando que el departamento de Le Parc se convirtiese en un pandemónium y que los videos del trabajo pericial fueran  el mejor documento didáctico para los estudiantes de criminalística… Sobre lo que NO se debe hacer!
Fue más importante -para la clase política en general- mirar de reojo cómo impactaba en las encuestas de opinión y en los sondeos de imágen la muerte del fiscal, que exigir al anterior gobierno un mínimo respeto por la división de poderes cada vez que sus máximos representantes presionaban públicamente a los jueces y fiscales encargados de resolver respecto de la denuncia presentada por el Dr. Nisman.
Como en tantas otras circunstancias de la historia argentina, fue más importante la difamación que la verdad. Como otras veces, la culpa fue de los muertos…
El paciente y meduloso trabajo del  Sr. Fiscal General,  Dr. Ricardo Saénz y de los abogados de la querella, logró que la Corte Suprema de Justicia de la Nación dispusiera finalmente que la investigación por la muerte violenta – homicidio- del Dr. Nisman se tramitara en el fuero federal.
Ahora, es tiempo de la paz y la serenidad que solo puede brindar la Justicia con el único objetivo posible: LA VERDAD.
Así sea!

 

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COMPLICANDO EL LENGUAJE

RAE 1

Muchos integrantes de la Justicia Penal Argentina pretenden ser políticamente correctos con los criminales. Con un lenguaje edulcorado, repleto de circunloquios y eufemismos, no pocos magistrados se refieren a los delincuentes como “individuos en conflicto con la ley penal”, “jóvenes institucionalizados”, “sujetos prisionizados”, y otras construcciones semánticas de moda… Sería mucho más fácil y directo, llamarlos homicidas, ladrones, violadores, estafadores, etcétera. Quizás tengamos que aprender un poco de los españoles, que no llaman “cola” a los glúteos humanos, sino “culo”.

¿MÁS POLICÍAS EN LAS CALLES?

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Foto: http://www.laportadacanada.com

Es la muletilla obligada de gobernantes y aspirantes a serlo. Es la primera promesa que realizan los ministros de seguridad -o equivalentes- cuando se hacen cargo de dicha cartera y ejercen la comandancia política de las fuerzas policiales de su distrito.

También es el reclamo -genuino- de los contribuyentes, cuando sienten en carne propia las terribles consecuencias de la criminalidad. Cada día más profusa. Cada día más sanguinaria.

Por lo general, es una promesa que los políticos cumplen. Las ciudades son saturadas de uniformados, sea en patrullas, motos, caballos o bicicletas, sea en paradas fijas, garitas o puestos de vigilancia. También es cierto que cuando más se acercan los tiempos electorales, más efectivos recorren las calles y avenidas de pueblos y ciudades…

Pero… ¿Es realmente efectiva, para enervar la criminalidad o al menos para reducir sus aciagos efectos,  la reiterada fórmula de colocar “más policías en las calles”?

La respuesta negativa parece imponerse. Al menos, si se considera a esta trillada fórmula como una solución mágica y exclusiva.

En primer lugar, el delincuente no se intimida frente a la “presencia policial”. Si así fuera, no habría delincuentes que enfrenten a la policía. Por el contrario, el comportamiento criminal se caracteriza por el desafío constante al sistema penal. Es decir a las leyes penales y a las autoridades de aplicación del aparato preventivo, represivo, investigador, juzgador y sancionador del Estado.

En segundo lugar, las potestades policiales de prevención delictual han sido considerablemente reducidas en los últimos tiempos, merced a reformas legislativas que limitaron su accionar y a fallos judiciales que han tachado de ilegales o -directamente- de violatorios a la Constitución Nacional y a los Derechos Humanos a ciertas prácticas de las policías y de las fuerzas de seguridad.

Con los rótulos de policización, policialización, estigmatización, militarización policial, derecho penal del enemigo, entre otros términos que adornan cursos, conferencias, libros y revistas de los gurúes minimalistas del Derecho Penal, o -directamente- abolicionistas, distintos fallos judiciales hicieron posible que la fuerza policial se fuera quedando con muy pocos instrumentos para su tarea específica de prevención.

A modo de ejemplo, casi no existen contravenciones ni edictos policiales. Las pocas que siguen vigentes, han quedado limitadas al contralor de organismos administrativos o municipales. Se ha eliminado el arresto temporario por “averiguación de antecedentes”, quedando limitado sólo en caso de negativa del particular a indentificarse al personal policial. Sin embargo, campañas oficiales y no oficiales “informan” a la población que las fuerzas policiales no tienen derecho a exigir identificación (¿?).

Ya no existen los álbumes de “modus operandi”, pues los jueces han entendido que una colección de fotografías de delincuentes es ‘estigmatizante’ y no pocos magistrados judiciales han considerado que perjudican y contaminan la investigación…

Las conductas pre-delictuales no pueden ser controladas por las policías y las fuerzas de seguridad. A modo de ejemplo, el denominado “olfato policial” o la “actitud sospechosa” han sido demonizados en los Tribunales Penales, casi como si se tratara de prácticas de la Gestapo.

Los “cacheos” y requisas también han sido discutidos por jueces y fiscales, habiéndose dictado infinidad de nulidades de procedimientos que culminaron con secuestros de armas, sustancias psicoactivas, elementos robados, etc.

Las policías y las fuerzas de seguridad no pueden actuar preventivamente en piquetes, cortes de calles, rutas o puentes. Salvo casos muy específicos, en donde se requiere orden judicial.

Las policías y las fuerzas de seguridad no pueden actuar en disturbios estudiantiles en dependencias de universidades públicas, pues la legislación vigente ha convertido a las casas de altos estudios en virtuales “sitios con inmunidad diplomática”, donde no ingresa nadie, salvo los integrantes de la comunidad universitaria.

En este contexto, se ven efectivos policiales deambulando sin rumbo fijo por las calles de las ciudades, gastando combustible de los patrulleros al solo efecto de que el ciudadano vea luces azules destellando por su barrio.

El ladrón no robará frente al patrullero o al caminante que pasa frente a él. Simplemente, optará por otra calle o por otro momento para cometer sus tropelías.

¿Qué hacer entonces?

Si lo que se pretende es que las policías y las fuerzas de seguridad sean eficientes en la prevención, es decir, en el adelantamiento a la conducta criminal, se deberá aprovechar al máximo las posibilidades que brinda la tecnología moderna: Cámaras de seguridad fijas y móviles (domos, drones, etc.); detectores de metales en oficinas públicas; desarrollo de la inteligencia criminal  y no espionaje de peluquería;  estudio y análisis de la información brindada por otras fuerzas; construcción de bases de datos de crímenes y criminales,  entre otras actividades.

Los formadores de los futuros integrantes de las fuerzas del orden deberán priorizar el entrenamiento, la capacitación; ser ejemplo de conducción y liderazgo.  El oficial de policía moderno, más que deambular por las calles para que los gobernantes puedan mostrar “presencia”, deberán profundizar el estudio y análisis de la conducta criminal.

Pero,  por sobre todas las cosas, si se pretende algún éxito en esta empresa, deberá existir DISCRECIÓN en las políticas de seguridad. Si los responsables políticos anuncian a los cuatro vientos, conferencia de prensa incluída, los mecanismos tendientes a evitar las conductas delictivas, el criminal sólo tiene que encender su televisor para saber que hacer y que no hacer.

La prevención de incendios no se logra con autobombas recorriendo los barrios buscando humo.

La medicina preventiva no tiene entre sus postulados el derrotero de ambulancias en procura de heridos.

Por una vez se impone ser un poco -solo un poco- mas inteligente que los criminales.

No se trata de una gran faena.

Golpearon y amenazaron de muerte a un fiscal en La Plata: “Te va a pasar lo mismo que a Nisman”

http://www.infobae.com/sociedad/policiales/2017/05/01/golpearon-y-amenazaron-de-muerte-a-un-fiscal-en-la-plata-te-va-a-pasar-lo-mismo-que-a-nisman/

 

cartasegna

El cobarde ataque sufrido en las últimas horas por el fiscal Fernando Cartasegna constituye un acto de suprema gravedad institucional.

Amén de las investigaciones en trámite para descubrir a los autores y cómplices del grave delito cometido en contra de un magistrado del Ministerio Público de la Provincia de Buenos Aires,  es imperativo revisar no solo las condiciones de seguridad de los ámbitos tribunalicios  sino, además, reflexionar acerca de la proliferación de organizaciones criminales que, aunque muchas de ellas improvisadas o directamente torpes, van avanzando en la comisión de delitos cada vez más violentos.

Tampoco puede dejar de analizarse en esta coyuntura, la posible participación de miembros de fuerzas policiales -en actividad o en situación de retiro- que reaccionan frente a investigaciones que los tienen como sospechosos o imputados.

Es una tarea de todos los integrantes del Sistema Penal del Estado aunar esfuerzos en pos de neutralizar definitivamente estas conductas y, en su caso mediante los debidos procesos legales, apartar de la sociedad libre a los responsables.

Atentar contra un magistrado judicial, sin distinción de fuero o especialidad, es atentar contra las bases de una comunidad jurídicamente organizada. Es atentar contra los cimientos de una Nación, ya que la magistratura judicial no pertenece a la persona que la ostenta, sino al Pueblo todo.-

EDAD DE IMPUTABILIDAD: LA HORA DE LA SALUD MENTAL

4-11-2010 014[1]La semana pasada, el joven T., de 15 años, 11 meses y 29 días de edad, cometió un homicidio. Por escasas 24 horas, fue declarado inimputable por el juez que intervino en la causa penal. Si hubiese accionado la cola del disparador de la pistola 9 mm que portaba contra la víctima, tan solo un día después, previo un debido proceso penal juvenil, pudo  haber recibido entre 8 y 25 años de cárcel…

Esta ficción, perfectamente posible en cualquier punto de nuestra República, muestra a las claras que el establecimiento de una edad cronológica que separe la imputabilidad penal de la inimputabilidad, es arbitrario. Lo mismo sucedería con un límite etario de 15, 14 o 13 años.

¿Qué hacer entonces con la edad de la imputabilidad?

Es posible una solución alternativa que dé por finalizada la eterna discusión sobre la edad de no punición. Un sistema mixto.

Que exista un límite etario es necesario. Las leyes deben ser normas generales que se aplican a los casos particulares. No podemos dejar librado al arbitrio del juez la estructura misma de los preceptos legales.

Pero es imperativo que, en una problemática como ésta, se permita una prueba en contrario a una presunción legal.

Que la persona que cometió un delito comprenda o no la criminalidad del acto depende de su evolución madurativa y no del taco calendario. No será el abogado, el juez, el fiscal o la matemática quien decida si el jovencito o la jovencita pudo discernir entre el bien y el mal, entre lo prohibido y lo pemitido, entre lo legal y lo ilegal.

¿Puede afirmarse, en forma tajante y absoluta, que un niño o una niña de 14 años no comprendan que matar a otro ser humano significa quitar una vida y que dicha conducta está prohibida por la ley, aunque no sepan ni lo que significa “Código Penal”?

¿Puede ser el sistema creado por el Papa Gregorio XIII  la única herramienta para discernir entre enviar a un ser humano a prisión o a su casa?

Ha llegado la hora de los especialistas en salud mental: Psiquiatras, Psicólogos, Neuropsicólogos, Neurólogos, etc.

Establecer una edad tope para la imputabilidad es necesario, como presunción. Pero es imperativo crear un sistema que establezca una prueba en contrario -trabajo pericial/científico- para los casos de delitos graves o gravísimos.

No es complicado establecer un sistema así. De hecho, ya existe en varios países del Common Law.

Solo resta no terminar los debates con panfletos del estilo “ningún pibe nace chorro”…