SE NOS ESCAPAN LAS TORTUGAS

celdas

 

Cada vez que uno o más individuos se profugan del accionar del Sistema Penal del Estado, un aceitado mecanismo de instituciones y funcionarios públicos se pone en marcha para lograr rápidamente el paradero del o de los evadidos del aparato represivo estatal…

Esto sucede en los países normales, claro.

En la República Argentina, en cambio, se nos escapan las tortugas.

¿Por qué?

Porque no trabajamos como equipo, sino conformando un puñado de compartimentos estancos y en permanente competencia. Llegar primero es la consigna o, en su defecto, “vender humo” al superior o a la comunidad.

No es necesario ser un experto del FBI para aseverar que, ante una crisis del sistema, todos los mecanismos deben moverse en bloque y en forma coordinada. Como un reloj.

Sin embargo, en estas tierras:

La inteligencia criminal ha sido reemplazada por el espionaje de peluquería de señoras o de café de caballeros, en donde lo importante -y casi sagrado- es intervenir comunicaciones en forma ilegal, para obtener información privada o íntima, muy útil para la extorsión y el apriete, pero para prevenir delitos, nada.

El Poder Judicial y el Ministerio Público desconfían de la Policía. Le adjudican culpas y fracasos en la prevención, en la investigación, en la preservación de las evidencias, en la reserva de las actuaciones -secreto profesional- etc.

La Policía desconfía de Jueces y Fiscales. Los considera engreídos/as de traje y corbata; falda y tacos altos. Funcionarios/as de escritorio, sin experiencia, soberbios y no conocedores “de la calle”, “del barro”, de la realidad… (“¡Nosotros los detenemos y ellos los liberan!”; ”¡Nosotros estamos en la calle, ellos en sus despachos alfombrados!”)

Los Organismos de Derechos Humanos -estatales y no estatales- detestan a las Policías, a las Fuerzas de Seguridad y a los Servicios Penitenciarios y viceversa, y desconfían del Poder Judicial y del Ministerio Público.

El Poder Judicial y el Ministerio Público desconfían de los Organismos de Derechos Humanos, pero tienen terror reverencial ante sus presentaciones o declaraciones públicas.

Las Policías desconfían de los Servicios Penitenciarios y viceversa. También de las Fuerzas Federales de Seguridad (Gendarmería, Prefectura y PSA). Todos tienen “celos de uniforme” respecto del otro. Se auto-adjudican el real -y exclusivo- conocimiento del delito y del delincuente, despreciando la visión de la otra fuerza de seguridad.

Todos los organismos que integran el Sistema Penal desconfían de la prensa. Tienen pavor ante la difusión de noticias que los cite, aunque sea sólo al efecto informativo… Pero no despegan sus ojos de las pantallas de tv, diarios y portales de Internet.

Con este panorama no resulta extraño que, a modo de ejemplo,  los entonces prófugos de la cárcel de General Alvear, Martín Lanatta, Cristian Lanatta y Víctor Schilacci , fueran hallados por unos puesteros rurales…

TRES DÉCADAS DE “LAVADO DE CEREBRO” EN FACULTADES DE DERECHO ARGENTINAS

PARA MUESTRA, SOLO BASTA UN BOTÓN…

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-76115-2006-11-13.html

“Ni el sistema penal ni la cárcel sirven para solucionar conflictos”

Entrevista exclusiva al holandés Louk Hulsman, especialista en derecho penal y acérrimo defensor del abolicionismo de las cárceles. El experto dio una conferencia en el Congreso.

El holandés Louk Hulsman, experto en derecho penal, tiene el aspecto de un abuelo que sabe cómo relatarles un cuento de hadas a sus nietos. Sin embargo, su conferencia en el Congreso nacional adquirió el significado de una pesadilla para los mentores de políticas de “mano dura” como Carlos Ruckauf o Juan Carlos Blumberg, dos nombres paradigmáticos. Es que el abuelo Hulsman –dicho con respeto– es un cabeza dura cuyo objetivo es “crear conciencia” para avanzar hacia la abolición del sistema penal y de esa siniestra institución llamada cárcel. “En términos de derechos humanos se sabe que el individuo es libre y que está mal poner a la gente en prisión; está mal calificar a la gente como si fuera ‘mala’.” Hulsman no pierde la sonrisa ni ante preguntas enojosas como “¿qué hacer, entonces, frente a los delitos graves?”. Se limita a responder que en criminología se habla de la existencia de una “cifra negra” del delito, es decir los hechos nunca denunciados y que, en la Argentina, por ejemplo, superan el 70 por ciento, de acuerdo con estimaciones oficiosas. “Son muy pocos los delitos que son sancionados por el sistema penal, y la sanción nunca repara el daño producido. Habría que buscar otras alternativas a la de la cárcel”, dice y sonríe.

A la hora de dar ejemplos concretos de “solución de los conflictos”, expone el propio. “Antes de hablar del paradigma abolicionista dentro del sistema de justicia, es bueno que explique cuál es mi relación con el sistema de justicia. El primer acercamiento que tuve fue en 1944, cuando los alemanes ocuparon Holanda. Fui arrestado y por eso tengo experiencia en cárcel y también en campos de concentración. La reparación que puedo esperar, en lo personal, no puede pasar por hacer pasar al otro por lo mismo que yo pasé”, afirma ante Página/12 durante una entrevista al término de la charla que ofreció en el primer piso del Palacio Legislativo, invitado por la defensora general de la Nación, Stella Maris Martínez, y a la que asistieron, entre otros, los jueces en lo penal Luis Niño y Lucila Larrandart.

Hulsman admite que no todos los casos son iguales y cita el trabajo realizado por “Steiner, un colega alemán”, que entrevistó a dos mil víctimas de hechos delictivos. “El separó las historias de las víctimas en tres categorías: historias con final feliz, historias tristes y catástrofes de vida”. El prefiere seguir hablando de sus propias experiencias: “Hace unos años mi casa fue vaciada dos veces en tres semanas. Y además la destruyeron. Un mes y medio más tarde fueron descubiertos los tres chicos que hicieron esto. Hablé con ellos y con sus padres. No me importaba que los penalizaran. Al final nos hicimos amigos. Los chicos cambiaron de escuela, fueron a una más buena. El seguro pagó los daños en mi casa. No fue una situación placentera, pero la situación problemática que pasamos tuvo un final feliz. ¿Hubiera sido mejor con los tres chicos en la cárcel?”.

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, Hulsman comenzó a estudiar leyes. Por su experiencia personal estaba interesado en Derecho Penal y Criminología. Ya recibido, trabajó en los ministerios de Defensa y de Justicia, en coordinación con los fiscales y con la policía. En forma paralela, trabajó como profesor de Derecho Penal. En este punto, recordó que en su labor docente a los alumnos les propuso “que vieran cómo suceden las cosas dentro del sistema penal y que no se basen sólo en lo que dicen los libros”. Dijo que su punto de vista le apuntaba, sobre todo, “a organizaciones como la policía”, dado que “los oficiales eran los que miraban lo que la gente pensaba y hacía, y después daban intervención a los fiscales”.

Eso pasaba “a principios de los setenta”, cuando en Holanda había “una fuerza de policía que se movía en un contexto muy autoritario y que se había enfrentado con un movimiento que se llamaba Provo, porque eran provo-cadores de la autoridad y de la policía”. Fueron años duros y Hulsman se tomó el trabajo de analizar el trabajo de fiscales y de jueces. “Hacía entrevistas con los jueces y les preguntaba qué pensaban de las sentencias. Comparaba sus respuestas con lo que hacían y no se correspondían. Entonces, les mostraba el material reunido y les demostraba que ellos hablaban de una forma y actuaban de otra.”

Hulsman fue uno de los que impulsó, en Holanda, la aplicación de la probation, para sancionar los delitos de otra manera, sin tener que ir a la cárcel. En la entrevista, el experto insiste en la necesidad de “cambiar el lenguaje de la Universidad, que es donde se ‘fabrican’ las palabras que luego fundamentan la creación de instituciones como la justicia penal y la cárcel”. En este punto cuestionó, en general, la aplicación de penas que incluyan la prisión, más allá de la gravedad de los delitos: “Los individuos son separados por el incidente que es objeto de condena. Se aísla al victimario de su medio, sus amigos, su familia, del sustrato material de su mundo y también se aísla a las víctimas de una manera similar, aunque estén en libertad”.

Consideró necesario, para avanzar hacia el abolicionismo que propicia, que la tarea comience en la Universidad. “Del mismo modo que existen movimientos contra la discriminación racial o contra la discriminación de homosexuales, existe un movimiento que avanza hacia el abolicionismo del sistema penal y de la cárcel.” Para eso es necesario “fabricar palabras para ir creando conciencia y para hacer ver que ni la cárcel ni el sistema penal sirven para solucionar los conflictos”. Hulsman aseguró que ya existe “un movimiento internacional para cambiar al mundo cambiando las palabras, para abolir palabras como ‘delito’ o ‘delincuente’ y trabajar con los jueces, y con los fiscales, para que empiecen a buscar otras soluciones que no atenten contra el derecho supremo del hombre, que es la libertad”.

Publicado en PAGINA 12 – 13 de Noviembre de 2006

POLÍTICA CRIMINAL: LA GRAN AUSENTE

charla 2

Las discusiones y reflexiones que surgen en torno al tema de la inseguridad que padecemos a diario, eluden un tópico fundamental: La ausencia de políticas de prevención, investigación y represión delictual, o –dicho de otra forma- la inexistencia de una“Política Criminal” sostenida en el tiempo en el seno de los tres poderes del Estado.-

El constante aumento del delito, a nivel nacional en general y a nivel provincial en particular y el terrible dolor que causa a las víctimas, familiares y allegados el accionar de los delincuentes, han servido a gobernantes, dirigentes políticos, operadores, sus respectivos asesores y a los aspirantes a todas esas actividades, para la construcción de miles de discursos y posturas, para la confección de plataformas electorales, pre-electorales o post-electorales, para aparecer en diarios, revistas y canales de televisión, para medir y medirse en las encuestas de opinión y los sondeos de imágen (los modernos oráculos de los políticos), etc.-

En la provincia de Buenos Aires, desde hace muchos años, se plantean absurdas dicotomías tales como “mejor policía del mundo vs. maldita policía”; “mano dura/tolerancia cero vs. abolicionismo penal”; “jueces de instrucción vs. fiscales de instrucción”; “excarcelación para todos vs. excarcelación para nadie”, “cárceles vs. escuelas y fábricas”, entre otros disparates…

Es decir, los movimientos ideológicos pendulares, espasmódicos y esquizofrénicos, típicamente argentinos, tuvieron en el Primer Estado Argentino un escenario paradigmático.-

En 1998 se instauró un sistema procesal penal moderno y adaptado a las exigencias constitucionales nacionales y provinciales, pero como no tuvo buena repercusión en las encuestas de opinión, se propiciaron varias reformas parciales que lo desnaturalizaron absolutamente.-

En todos los casos, se buscaron responsables en la oficina contigua…

En ese marco, los discursos oficiales bucearon entre las partes más oscuras del alma humana: El resentimiento, el odio, la venganza.-

Frente a la comisión de un delito aberrante, el Estado contestó con la postura demagógica –con visita al velatorio incluída- , la simplificación absoluta, o con la reforma legislativa visceral e irreflexiva, importando posturas e ideologías del primer mundo, con la falsa ilusión de su aplicación en estas tierras.-

En lugar de combatir la corrupción policial desde sus raíces, se optó por maquillar sus uniformes, sus jerarquías – ahora el JEFE es “SUPERINTENDENTE” y la ESCUELA DE POLICÍA es “ACADEMIA”,  como en las series de TV de EEUU- sus vehículos, las denominaciones de la dependencias, etc.

Hemos llegado a escuchar, como ejemplo de “políticas de prevención delictual”…¡La vuelta del vigilante de la esquina !!!

Patético.-

En los últimos veinte años, las normas sobre excarcelación se han modificado más de una docena de veces, “endureciéndose” o “ablandándose” según la coyuntura, los tiempos políticos, los sondeos y encuestas, y –por supuesto- los “costos”.-

Hoy en día, el rígido sistema excarcelatorio vigente en la provincia de Buenos Aires obliga a los señores jueces de garantías a alojar detenidos en donde sea.-

No importa que las cárceles estén superpobladas o que las comisarías exploten…Había que trabar la “puerta giratoria”.-

Eso si, construir nuevas cárceles? ¿Reparar las existentes?

Ni en sueños!!!

Nadie quiere la foto cortando cintas en un presidio…

Después de todo, si de encontrar culpables se trata, ante un motín, revuelta o fuga, tenemos a nuestro alcance a los jefes de unidades penitenciarias o a los comisarios de sección.-

Como en el rugby, pasar la pelota y no quedar en offside.-

La ausencia de políticas de Estado serias y duraderas se convierte en un dramático “juego del gran bonete”.-

Cada uno de los poderes del Estado “culpa” al otro de sus propias miserias y fracasos.-

Mientras tanto, el delito aumenta en progresión geométrica, la policía se ve superada en logística, entrenamiento, movilidad, comunicaciones e inteligencia y contra-inteligencia por aprendices de delincuentes, que no dudan un instante en disparar sus pistolas semi-automáticas en contra de cualquier persona. La Justicia Penal se abarrota de expedientes, burocratizándose y disminuyendo en eficiencia, más allá del esfuerzo personal de sus integrantes. La legislatura sanciona leyes a discreción, olvidándose que en realidad existe un SISTEMA legal, y que las reformas parciales lo único que logran es desestabilizarlo. Los gobernantes, por su parte, discurren entre promesas inquisitoriales y críticas a la violencia policial por igual.-

En definitiva, podríamos resumir estas reflexiones en una sola frase: “Política criminal, ¿dónde estás?”