LA BURBUJA TENTADORA

 

Al igual que con el canto de sirenas que apacigua el espíritu , brindando paz y tranquilidad en medio de la tormenta, pero que lleva al navegante a las profundidades abisales, el político profesional -o el aspirante a serlo- tiene la permanente tentación de introducirse en la burbuja negadora de la realidad.

Por miedo, comodidad o simple interés, quienes ocupan los despachos oficiales recurren una y otra vez a la negación de lo evidente, a la eliminación de la verdad comprobable. Muchas veces, con el aditamento de etiquetar al mensajero de malas noticias como al mismísimo demonio.

Múltiples y patéticos ejemplos de esta práctica nutren la historia argentina.

La aparición y multiplicación de elementos y herramientas comunicacionales como las redes sociales y el híper-desarrollo de la Internet, sumado a la proliferación de “gurúes” de la imágen y la encuesta de opinión, han sumido a los dirigentes políticos vernáculos en la disyuntiva de reconocer lo tangible o negarlo hasta los límites del ridículo, y luego “medir” el impacto de su decisión en sondeos que realizan las consultoras “top”.

No hay inflación. No hay pobreza. No hay desocupación. No hay inseguridad…

El narcotráfico no ha penetrado nuestras fronteras. El sistema penal del Estado funciona perfectamente, al igual que la salud y la educación…

La lista de ejemplos sería infinita y aburrida. También, irritante.

En las últimas horas, en medio de una inaudita ola de inseguridad, se multiplicaron casos de secuestros extorsivos en gran parte del territorio bonaerense y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Sin embargo, altos funcionarios de las áreas de Seguridad y de la Policía volvieron a insistir con la negación, al igual que sus antecesores y los antecesores de los antecesores… A Dios gracias, nadie habló de “sensación de inseguridad”, por ahora!

Si la solución a los problemas que nos aquejan pasara por la simple negación de los mismos, la historia de la humanidad sería un cuento de hadas o una aventura de Emilio Salgari, como mucho.

Equiparar la República Argentina con Disneyland ya nos trajo demasiados inconvenientes en el pasado reciente… Es hora de virar el timón hacia otros rumbos, ignorando la bella silueta de las sirenas y su encantador sonido.

 

 

PEQUEÑO VOCABULARIO ABOLICIONISTA DE BOLSILLO

gramsci Foto: bbc.com.uk

 

No es ninguna originalidad la práctica de crear formas lingüísticas equívocas, para que determinado discurso o relato llegue adecuadamente al público que se pretende seducir con la palabra. Tal vez el ejemplo de Antonio Gramsci, explicando el marxismo en sus obras, otorgándole a determinadas expresiones medulares de dicha teoría, múltiples acepciones e interpretaciones, sea el más gráfico y difundido. Pero, de ninguna manera, es el único en la historia del pensamiento universal. La distorsión lingüística y la interpretación dirigida ha llegado hasta los textos sagrados de las grandes religiones monoteístas.

Volando mucho más bajo que el legendario filósofo, político y periodista italiano y que los grandes teólogos,  en nuestras tierras existe una pseudo-doctrina jurídica, pretendidamente filosófica, con veleidades de sistema único y revelador, que ha calado hondo en varias generaciones de abogados: El abolicionismo penal.

Siguiendo alguno de los postulados de  pensadores como Thomas Mathiesen, Nils Christie, Louk Hulsman y Michel Foucault, los gurúes locales del abolicionismo vernáculo han creado un verdadero vocabulario gramsciano del Derecho Penal. Otorgando categorías ontológicas y valores de verdad a vocablos que, hasta hace muy poco tiempo, significaban otra cosa…

Hoy, en las Facultades de Derecho, en las Escuelas de Post-Grado, en los Consejos de la Magistratura, en los Institutos de Derecho Penal y de Derecho Procesal Penal, en las Asociaciones Profesionales de Criminología (Crítica, por supuesto), el CRIMEN se dice “conflicto”. CRIMINAL se dice “sujeto en conflicto con la ley penal”. CÁRCEL se dice “jaula de exterminio”. SISTEMA PENAL DEL ESTADO  se dice “aparato represivo”. ESTADO se dice “organización política deslegitimada”. DERECHO PENAL se dice “discurso represivo deslegitimante”.  PODER JUDICIAL, POLICÍAS, SERVICIOS PENITENCIARIOS, PATRONATOS DE LIBERADOS, etc., se llaman “agencias del poder punitivo deslegitimado”. REICIDENCIA, PELIGROSIDAD, ANTECEDENTES CRIMINALES son “categorías estigmatizantes del derecho penal del enemigo” Y así. La lista es interminable, aburrida y -muchas veces- de difícil pronunciación. Eso transforma a este nuevo glosario en una herramienta muy atractiva para aquellos que deben afrontar monografías, exámenes, tesis y tesinas. Sus examinadores quedan pasmados de admiración ante semejante despliegue intelectual…

Con respecto a la palabra VÍCTIMA, los capitostes del abolicionismo local y sus adláteres, no han encontrado un sinónimo que sea incapaz de correr el velo de la inequidad. Entonces, lisa y llanamente, la han suprimido de su “sistema”. Algunos, más moderados, hablan de “damnificado u ofendido”.

La tergiversación del lenguaje técnico-jurídico pretende cubrir las inmensas lagunas que el abolicionismo pretende desconocer. O, tal vez, encubrir su verdadero objetivo: la destrucción del Sistema Penal del Estado.

Aunque con miles de fieles seguidores en las aulas, en los estudios jurídicos y en el Pretorio, los abolicionistas no podrán cambiar las nociones  básicas del Derecho y de la Justicia. No alcanzará con la decoración -o decoloración- de la palabra.

La palabra nos diferencia del resto del reino animal, según Aristóteles. Es decir, nos hace “racionales”.

Sin embargo, la manipulación del lenguaje también ha llevado al Hombre a la concreción -y muchas veces, la justificación- de las mayores atrocidades de la historia planetaria.

Tal vez debamos imitar a los españoles, que no llaman “cola” a las glúteos humanos, sino CULO.