GUAPOS DEVALUADOS

patovica

Foto: Taringa.net

Ya no caminan por los empedrados de Pompeya o del Abasto, ni lucen filetes blancos en sus trajes oscuros.

Ya no suspiran por las curvas de la rubia Mireya ni se baten a duelo en lo de Hansen o en el Palais de Glace.

Abandonaron para siempre el pañuelo al cuello y la navaja, y dejaron los tangos de Gardel en el arcón de los recuerdos.

Hoy lucen sus cuerpos esculpidos merced al trabajo de mancuernas y anabólicos-esteroides.

Sus cerebros, inversamente proporcionales al desarrollo de sus músculos, deliran exclusivamente por lograr un encuentro sexual con alguna modelito de T.V., o por conocer personalmente a cualquier actor porno… Sus únicos ídolos.

Cuando llegan a sus casas -luego de sus agobiantes y productivas jornadas laborales- se regocijan recordando cuántas trompadas aplicaron a un adolescente molesto o cuántas patadas infligieron al jovencito moderno que osó desobedecerlos, o al ingenuo automovilista que se negó a pagar una “contribución a voluntad” al trapito que regentean.

Se visten todos iguales –pantalón negro, remera negra (rigurosamente, un talle menos), zapatos negros, medias negras, el pelo bien corto –con gel-, exagerando la postura de sus deltoides para aparentar una espalda gigantesca, y con los antebrazos siempre a noventa grados, para lucir sus biceps y triceps recién estimulados.

Valientes como ellos solos, atacan a sus víctimas de a tres o cuatro, con golpes de puño y puntapiés –si es en el suelo, mejor- y solamente cuando ven sangre, se permiten descansar sus pectorales y soltar el aire.

Militares de élite frustrados, fisicoculturistas fracasados, o simplemente idiotas, pululan en la noche, creyéndose sus dueños absolutos, sembrando el terror y una patológica admiración.

Lamentablemente es así, ya que estos personajes generan en jóvenes y adolescentes un sentimiendo dual: Por un lado son odiados…Por el otro son envidiados y – lo mas triste- imitados…

La falta absoluta de modelos y prototipos en el seno de la comunidad y la exacerbación de ciertas conductas criminales como algo “cool”, genera  un espacio por ellos aprovechado, instigando permanentemente a la violencia, al constante desquite, a la revancha.-

Son la clara muestra de una Argentina decadente y frustrante, donde el ocio improductivo es la bandera y los malos ejemplos, el estandarte.-

Son los tristemente célebres “patovicas”, encargados de la seguridad (¿?) en los locales de diversión nocturna, custodios de políticos, sindicalistas, empresarios, deportistas y artistas, regentes de “trapitos”, líderes de las barras del fútbol,  etc.-

En los últimos años han desfilado por Comisarías, Juzgados y Fiscalías de Instrucción varios cientos de estos corpulentos individuos, negando –por supuesto- toda intervención en cualquier suceso violento, argumentando “persecución”, “discriminación”, “injusticia”.-

Dentro de muy poco vendrán a Tribunales a denunciar lesiones en el pie o en el puño, producto de golpes contra cabezas imprudentes o costillas negligentes.

Lo más patético… Cuando llegan al Pretorio a prestar declaración frente al Fiscal o al Juez, lloran como niñas a las que les robaron sus muñecas…

Paradojas, que le dicen.

ABOLICIONISMO PENAL (*)

charla 2

 

 

  • Las penas no sirven para nada.
  • La cárcel no sirve para nada.
  • El Estado no está “legitimado” para imponer sanciones penales.
  • El Estado le quitó el “conflicto” a los particulares y lo transfirió al sistema represivo.
  • El aparato represivo se mantiene para saciar la sed de venganza de la burguesía.

 

(*) CATECISMO-LAICO-OBLIGATORIO  PARA  SER  DESIGNADO  MAGISTRADO  JUDICIAL  EN  LA  REPÚBLICA  ARGENTINA.

BASTA DE REDES SOCIALES, Sres. GOBERNANTES!!!

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La obsesión de los gobernantes -o de sus asesores- por estar hiperconectados las 24 hs y utilizar las redes sociales para comunicar todo lo que suceda en el micro-cosmos de la Administración, tiene sus riesgos.

Durante la llamada “crisis de la triple fuga de General Alvear”, cuando todo el país estuvo en vilo por la evasión de tres peligrosos criminales, condenados por el triple homicidio de General Rodriguez, las más altas autoridades gubernamentales “informaron” a la población a través de sus cuentas de Twitter y Facebook, sobre los avatares de la búsqueda de los delincuentes, con papelón incluído cuando se felicitaron mutuamente por una recaptura que al final no había sido, sino hasta varias horas después.

Evidentemente, las redes sociales han revolucionado el mundo de las comunicaciones interpersonales. Se han convertido en una herramienta muy valiosa para la difusión planetaria de ideas, posturas, noticias, chimentos, publicidades o simplemente, tonterías. Les cambió la vida a los periodistas, que ahora tienen fuentes a granel en el bolsillo de su jean o en su cartera. Hizo multibillonarios a sus creadores y muy ricos a sus accionistas. Y así.

Es decir, nadie -en su sano juicio- puede negar los beneficios de estas plataformas informáticas de alcance masivo. Pero su uso indiscriminado por parte de los funcionarios de alto rango, amén de banalizar sus importantes responsabilidades, puede transportarlos al grotesco en cuestión de segundos.

Un presidente, un gobernador, un ministro, un intendente, no puede -no debería- comunicar actos de gobierno por Twitter o Facebook. Tal vez pueda replicar en sus cuentas algún comunicado oficial -debida y prolijamente redactado- reenviando al link de las páginas oficiales o alguna fotografía o ilustración…

Pero hacerse los graciosos, los serios, los sarcásticos o los solemnes por las redes sociales, lleva a los funcionarios al pantanoso terreno del ridículo.

Y, como en otros aspectos de la vida, del ridículo no se vuelve… Aunque se puedan borrar los Tweets, eliminar los posteos de Facebook o aclarar los yerros vía Whatsapp.

Pido perdón a los asesores tech por estas breves reflexiones.

HACIA UN COMANDO GENERAL CONJUNTO DE SEGURIDAD

FUERZAS ESPECIALESFoto: Taringa.net

 

La cinematográfica búsqueda de los tres prófugos del penal de máxima seguridad de General Alvear, condenados por el triple crímen de General Rodriguez, ha dejado al descubierto -más allá de la valentía, arrojo y dedicación de los efectivos de las fuerzas policiales provinciales y de las fuerzas de seguridad federales- una evidente falta de coordinación operativa y una superposición de funciones en las distintas jefaturas y comandos.

Se le suma a ello, una catarata de sospechas y suspicacias respecto de algunos sectores de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y de la Provincia de Santa Fe, que perjudican notablemente el objetivo final: Un resultado positivo en los múltiples y frenéticos rastrillajes, en pos de encontrar con vida a los peligrosos evadidos y regresarlos a prisión.

Cuando finalice esta crisis, el gobierno nacional y los gobiernos provinciales, tendrían que discutir un plan nacional de emergencias en seguridad, sus correspondientes protocolos de actuación y -fundamentalmente- la designación de un comandante general conjunto, que responda directamente a un comité de crisis nacional pero que, a su vez, tenga la facultad de coordinar las órdenes operativas para todas las fuerzas de seguridad federales (Gendarmería Nacional, Prefectura Naval, Policía de Seguridad Aeroportuaria y Policía Federal) y las policías provinciales y de la CABA.

Sin este comandante general conjunto, las distintas fuerzas de seguridad de la República, deben seguir las órdenes de sus respectivos jefes superiores, muchas veces sin coordinación ni planificación previa entre ellos.

Los “celos de uniforme”  y la absurda competencia para determinar “quién llegó primero”, conspiran gravemente en el éxito de las operaciones como la que tiene en vilo al país.

En un Estado donde se nombran funcionarios todos los días, donde se crean secretarías, subsecretarías, direcciones, subdirecciones, comités, agencias, comisiones, etc; designar a una persona lo suficientemente capacitada, con probada experiencia y con ascendencia sobre el personal policial y de las fuerzas de seguridad para dar cabal cumplimiento a las órdenes de las autoridades ejecutivas en una crisis de seguridad determinada, no parece una empresa imposible.