LA INTELIGENCIA IGNORANTE (El gobierno descubrió la pólvora)

La extraña -y todavía no esclarecida- muerte del Fiscal Alberto Nismanvuelve a poner en escena un tema candente y no resuelto aún por la institucionalidad democrática, pese al rimbombante anuncio de la Sra. Presidente de la Nación: LA INTELIGENCIA.
Los denominados “Servicios de Inteligencia”, son esenciales en una comunidad jurídicamente organizada. Sea desde el punto de vista estratégico-militar, para evitar y/o neutralizar eventuales ataques de potencias o grupos armados extranjeros, sea desde el punto de vista criminal, para evitar y/o neutralizar al delito organizado.
La historia argentina reciente tiene pésimos antecedentes en ambos rubros. A modo de ejemplos: La inteligencia militar de la dictadura hizo creer a sus jerarcas que podíamos desembarcar plácidamente en nuestras Islas Malvinas, que los EEUU nos iban a apoyar en contra de su aliado Gran Bretaña y de toda la OTAN y que los ingleses no iban a venir desde la otra mitad del mundo por un par de diminutas islas…
Antes de esta brillante tarea de estrategia de la guerra, los “servicios” militares, se dedicaron a espiar, delatar y enviar al extermino a miles de compatriotas.
Recuperada la democracia, los integrantes de los “servicios” (ahora “civiles”, pero con veleidades de súper agentes del cine o la TV) creyeron o les hicieron creer,  que la inteligencia criminal se limitaba a reunir información de personas que al gobierno de turno le interesaba conocer, convirtiéndose o reconvirtiéndose de esa manera en los “vendedores de humo” más grandes de la historia.
¿Reunir y analizar información para descubrir o enervar el crimen organizado (narcotráfico, trata de personas, compra-venta ilegal de armas, delitos informáticos etc.)? Bien, gracias!
Ni hablar de prevenir o evitar los dos ataques terroristas cometidos en períodos democráticos mas graves de la historia (Embajada de Israel – Sede de la AMIA).
A esta altura, el lector podría argumentar, sin mayores esfuerzos, que la “inteligencia” vernácula es tan solo una agencia  de “chusmeríos” de peluquería o de bar.
Sin embargo, esta tarea de espionaje barato y deleznable, sedujo, sigue y seguirá seduciendo a más de un dirigente político, gobernante, magistrado, periodista, etc., y convirtió a muchos de estos personajes, en leyenda, como si trataran de James Bond, Napoleón Sólo o Illya Kuryaki.
 
Como siempre, en nuestra amada Argentina, demasiada televisión…
Las crónicas periodísticas de las últimas semanas han mostrado a ciertos agentes de inteligencia, a la altura de Winston Churchill o Konrad Adenauer.
Pero tampoco es cuestión de asignarles tanta importancia a estos                                     personajes..!
Existen muchos profesionales serios en el área,  personas que dedican  muchas horas de su vida a la profesión que eligieron. Me consta. Pero  también hay  muchos  facinerosos que sólo se dedican a husmear, fisgonear, extorsionar y delatar.
Asustan con sus archivos o “carpetas”  sólo a aquellos que no mueven un pelo sin antes consultar las encuestas de opinión, los sondeos de imágen o los titulares de los medios periodísticos. A aquellos que quieren ocultar  permanentemente su pasado, porque su presente es el permanente cambio de bando.
En definitiva, la “inteligencia” argentina, de inteligente, tiene muy poco.
Pero tampoco toda la culpa es del chancho…
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