JUICIO POR JURADOS

           El cumplimiento de un mandato constitucional no puede albergar dudas. Nadie puede discutir la legitimidad del Juicio por Jurados. Tampoco, nadie puede negar la falta de respuestas adecuadas, por parte del Sistema Penal todo, a la comunidad que nos sostiene.

            Me preocupa, como integrante del Ministerio Público Fiscal, la absoluta falta de compromiso en muchos ciudadanos que son convocados por la Justicia Penal para oficiar de testigos, en cualquiera de sus formas (de actuación, de procedimiento, de concepto, de conocimiento del hecho, etc.). Me preocupa su abulia, su desinterés, su desidia.
            Se podría argumentar que existe el miedo, la desconfianza en el sistema, etc. Esto sería aceptable si no hubiese una “participación popular” masiva en marchas, escraches, piquetes, pintadas, etc. cuando el Poder Judicial dicta resoluciones contrarias a sus pretensiones… Ahi no hay “miedo”, ni “desconfianza”. Ahi están aquellos ciudadanos -a cara descubierta y exigiendo JUSTICIA- quienes, en los estrados, olvidaban todo…
            Ojalá que la futura convocatoria a oficiar como jurados populares no encuentre a las autoridades persiguiendo hombres y mujeres por las calles o reciban  pilas de certificados médicos truchos o “excepciones” por doquier, como sucede -por citar un ejemplo- cada vez que se celebran elecciones.

LA PARANOIA DE ZAFFARONI

                   Las afirmaciones del ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Eugenio Raúl Zaffaroni, respecto de la inaudita ola de inseguridad que padecemos, rotulándola de “paranoia” o de “creación mediática”, es un insulto a la inteligencia de todos aquellos que, aún sin los pergaminos o los múltiples doctorados nacionales e internacionales del juez supremo, trabajamos en pos de un sistema penal mejor.
                    El delito aumenta en cantidad y en violencia. La inseguridad es una realidad tangible. Está ahí, al alcance de la mano…
                    Tal vez ahora, los paranoicos que osamos disentir con el supremo magistrado, seamos catalogados de blasfemos o de herejes.