PEQUEÑO MANUAL PARA LAVAR CEREBROS DE IMBERBES

En su obra “Vietnam, la guerra que nunca acabó” (Ed. San Martín – Historia del Siglo de la Violencia), el periodista especializado en temas de defensa y geopolítica, LÁZARO MINUÉ, afirma:

“En su prólogo a la obra The Vietnam War, el general William C. Westmoreland señala que, hace veinticinco siglos, Sun Tzu, filósofo y guerrero chino, escribió profundamente sobre el arte de la guerra. Decía Sun que la lucha era la forma mas tosca de guerrear. Y, en vez de pelear, el filósofo aconsejaba:

        “Romped la voluntad de luchar del enemigo, y habréis logrado el verdadero objetivo de la guerra. Cubrid de ridículo las tradiciones del enemigo. Explotad y agravad las fricciones existentes en el país adversario. Agitad a los jóvenes contra los viejos. Que prevalezca vuestro deseo, si ello es posible, sin conflicto armado. La suprema excelencia no es conquistar cien victorias en cien batallas. La suprema excelencia es derrotar a los ejércitos de vuestros enemigos sin tener siquiera que combatirles…”

              Cuando somos jóvenes, los mayores nos usan. Y nos dejamos usar. Es fácil engañar a un joven. Basta con exacerbar su rebeldía sin causa, encausándola. Dirigiendo sus naturales reniegues hacia un “enemigo” determinado.

  •                Si el joven tiene problemas con sus padres, mejor. Si es indisciplinado en la escuela o universidad, mejor aún.
  •               Debe mostrársele “culpables” de todos los males que nos aquejan como Sociedad jurídicamente organizada… Naciones. Grupos económicos. Corporaciones. Personajes poderosos, etc.
  •               Debe concientizárselo de su “misión sagrada”. Debe convencérselo de su “protagonismo único para la historia”. Historia que se escribirá a partir de su actuación, de su “militancia”…
  •               Debe despertársele el ego, la pasión por perdurar aún despues del fin de su propia existencia.
  •              Debe extirpársele toda creencia metafísica. Las religiones afectan su capacidad cognitiva y su vocación militante.
  •               Debe existir un líder carismático entre ellos. Que reniegue de las “viejas estructuras”. De los “viejos integrantes”. Un líder que sólo ame a los jóvenes, la reserva moral de un futuro único y brillante…
  •                Si no existen “enemigos”, hay que crearlos. Para que la “lucha” no sea en vano. El enemigo deber ser muy “poderoso”, ya que esa circunstancia envalentonará aún más al imberbe y se creerá un semi-dios.
  •                Deben existir “categorías” de imberbes, perfectamente diferenciadas. Sólo se puede “ascender” al cénit, si se demustra un compromiso total y absoluto con la causa. No hay lugar para tibios. Debe ser a todo o nada…

Esta serie de huevadas que escribí una tarde lluviosa de viernes, después de ver la foto de un impresentable regalando medias a niños desnutridos de Angola, son similares a las que repiten nuestros futuros dirigentes… Algunos actuales, también.

Es nuestra responsabilidad seguir luchando por una Argentina sin cerebros lavados. Sin jóvenes utilizados.

La historia nos pedirá cuentas si somos (una vez más) indiferentes.

 

         

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