LA AUTORIDAD NEUTRALIZADA

     Meses atrás, una frase que se le adjudicó al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, sacudió a la opinión pública del país…

     Dicen que dijo el gobernador “tengo las manos atadas”, refiriéndose al combate contra la delincuencia y a los problemas que surgen de la criminalidad.

      Rumores, desmentidas, acusaciones cruzadas, frases que parecían brotar de un sainete rioplatense, etc. inundaron tapas e interiores de diarios y revistas, programas de radio y televisión, portales de internet, blogs, etc.

      La frase en cuestión nunca fue reconocida por el gobierno. Tampoco negada por quien dijo escucharla…

       Pese a ello, la autoridad que surge del Orden Constitucional y que debe ejercer el Poder Ejecutivo (central y de las provincias), aparece como neutralizada, como adormecida.

       Si bien la Política ha sido definida profanamente como el “arte de lo posible”, la historia del Hombre ha demostrado -muchas veces trágicamente- que no es posible quedar bien con Dios y con el diablo. Hay momentos en los que hay que elegir.

       La criminalidad -organizada o improvisada- ha sabido tomar debida nota de las actitudes y posturas de su enemigo natural: El Poder estatal. Y, si bien, las armas preferidas de los delincuentes son las de fuego o las blancas, han encontrado una nueva (o no tan nueva), mucho más efectiva… Mucho menos sangrienta: La “etiqueta”.

         “Etiquetar” a un gobierno de fascista, es mas poderoso que un millar de fusiles, pues lo dejará inmóvil, temeroso de perder popularidad. Etiquetar a un funcionario con poder de decisión de autoritario, lo dejará desorientado frente a la disyuntiva de cumplir con su deber o presentar su renuncia…

          Hay muchos ejemplos de “etiquetas”, algunas muy vernáculas: ‘facho’, ‘represor’, ‘derechista’, ‘discriminador’… Todas ellas paralizan gobiernos y funcionarios. Son “palabras mágicas” para detener cualquier acción, por más legal y obligatoria que sea para quien detenta la autoridad concedida por el Pueblo.

      Es un problema grave, ya que no depende su solución ni de las leyes ni de los programas de gobierno ni de las promesas de las campañas electorales.

      Tal vez sea un problema para que resuelvan los psiquiatras… y que puedan -algún día- extirparnos a los argentinos, desde los más profundo de nuestro ser, oscuros fantasmas que nos atormentan.

Esta entrada fue publicada en Opinión.

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