INSEGURIDAD: CUANDO EL MARKETING POLÍTICO TAMBIÉN MATA

El alarmante aumento del delito en todas sus formas y el pavoroso incremento de la violencia en casi todas las modalidades de comisión criminal, preocupa sobremanera a gobernantes y gobernados.
Las secciones periodísticas dedicadas a temas policiales y judiciales-penales se han incrementado en todos los formatos de divulgación.
La agenda de seguridad ocupa un triste lugar de privilegio en campañas y discursos a lo largo y ancho del país, siempre al compás de las encuestas de opinión, los sondeos de imagen y los análisis de redes sociales. Marketing político explícito.
“Más policías en las calles” es la frase mágica que pronuncian TODOS los Ministros de Seguridad de la República Argentina -desde la restauración democrática hasta nuestros días- cuando de promesas electorales, post-electorales o coyunturales se trata.
Nadie -hasta el momento- aparentemente, les ha informado a estos Secretarios de Estado y a sus equipos que, con sus promesas y anuncios, no hacen sino advertir a los delincuentes sobre las tácticas y estrategias del Gobierno al que sirven para neutralizar o, al menos, intentar controlar los graves problemas que acarrean el crimen y el criminal.
Porque no es solamente la promesa de “saturar” de efectivos policiales o de fuerzas federales de seguridad las calles de las ciudades sino, además, informar detalladamente y mediante conferencias de prensa exteriorizadas en diarios, revistas, televisión, portales de Internet, redes sociales y hasta en plataformas de mensajería personal(Whatsapp, Télegram, entre otras), la divulgación de los lugares, horarios, modalidades, etcétera, de la presencia de las fuerzas de orden para luchar contra el delito.
El marketing político se ha convertido en una obsesión de los asesores/gurúes de imagen de los dirigentes y -por ende- éstos la asumen como propia.
Poco daño causa la divulgación del inicio de una obra vial o la inauguración de un hospital. Sonrisas de 500 watts para las fotos, testimonios de vecinos agradecidos, cortes de cinta, videos institucionales…
Pero con el delito y quien lo comete es diferente.
La psicología elemental del criminal explica que el individuo al margen de la ley no se intimida con “más policías en las calles”, ni con las camaritas de seguridad, ni con los patrulleros símil a coches del TC 2000… Todo lo contrario. Toda esa parafernalia, es un nuevo desafío para él. Seguirá siendo delincuente… Pero ahora, tomará sus recaudos frente “a los giles” que intentan enervarlo.
No es necesario ser un experto del FBI, de la Scotland Yard, de la Sureté o de la Liga de la Justicia para entender que, al criminal, no se le debe brindar información que pueda beneficiar su ilícito accionar.
Es posible una estrategia eficiente para lidiar contra el delito, mostrando las cartas antes de comenzar la partida? La respuesta negativa aparece como la más lógica de las opciones.
Sin embargo, todos los días, en todos los rincones del país, lo que aparecen son funcionarios de traje y de corbata -o sin corbata- mostrando los ases que tienen en su manga para combatir a los ilegales.
La lucha contra la delincuencia necesita de políticas de Estado serias y duraderas. Es decir, continuadas en el tiempo sin importar el color político de los funcionarios que ocupen -transitoriamente- los despachos oficiales.
El delito -y sus víctimas- no son de derecha, de izquierda, del medio, de arriba o de abajo.
La Seguridad tal vez sea, junto a la Defensa, las únicas carteras ministeriales con las cuales el marketing político no conforma un buen maridaje.
A ningún General, Brigadier o Almirante -por más diezmadas que se encuentren nuestras Fuerzas Armadas, se le ocurriría mostrar por TV o por Internet las tácticas y estrategias de defensa de nuestra República.
No obliguemos a los jefes de Policía y a los comandantes de las Fuerzas Federales de Seguridad hacer lo propio, para que los delincuentes no brinden con champán antes de cometer sus tropelías.

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Un psiquiatra para Zaffaroni

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El ex juez de la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina, y actual magistrado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, lo hizo de nuevo.

El gurú del penalismo argentino no puede permanecer callado. No soporta estar ausente de la vidriera política cotidiana… él, como sea y donde sea, habla, habla y habla.

No importa que, con sus expresiones públicas, adelante opinión sobre eventuales puntos a decidir en una controversia en la que le toque actuar como juez internacional y que sea motivo de recusación con causa.

Cuando ocupaba su sillón de juez supremo de la República Argentina, emitía permanentemente opiniones sobre política criminal en general y sobre casos judiciales en particular… ¡También es cierto que nunca nadie se atrevió a recusarlo por estos motivos!

Ahora, ha optado por convertirse o –mejor dicho– reconocerse como un militante kirchnerista, que opina y asesora desde lo alto del Olimpo de un Tribunal Supranacional.

Como buen gurú, opina de todo: del actual presidente argentino; de las medidas económicas del  gobierno; de la alternancia política que, según él, es la suplantación del sistema republicano; del caos institucional; de la policía; de las fuerzas de seguridad; de las fuerzas armadas; de la detención de Milagro Sala; de la imputación a Cristina Fernández de Kirchner –con abominables faltas de respeto a la memoria del asesinado fiscal federal Alberto Nisman incluidas-, etcétera.

Ahora, pretende que el gobierno de Mauricio Macri “se vaya cuanto antes”, en clara actitud anti republicana y -por qué no- golpista… Aunque sus adláteres aleguen extracciones de contexto de sus palabras o situaciones similares… Después de todo, los profanos, nunca entendemos al genio.

Evidentemente, Su Excelencia, Su Eminencia, el más grande de los penalistas argentinos, según sus embobados alumnos de la UBA, ha olvidado el gigantesco y tal vez irreparable daño producido al Derecho Penal Argentino, merced a la pseudo-doctrina abolicionista por él sostenida y por miles seguida y admirada.

Tal vez padezca de una disociación mental que le impida verse como el gran responsable de una dogmática penal argentina absurda y esquizofrénica, donde el victimario es la víctima y la víctima el victimario…

Muchos me preguntan por qué no lo denuncio penalmente, atento mi condición de fiscal…

Creo que -en realidad- necesita un psiquiatra, y de los buenos!

 

MCR

¡DEJEMOS DE SER UN PAÍS PANFLETARIO!

panfletos

Pensar, reflexionar, discutir, disentir, respetar, aceptar, negociar, ceder… No son solo verbos en modo infinitivo. Son también acciones que en la Argentina de los últimos doscientos años se practicaron poco, demasiado poco.

Desde tiempos inmemoriales, los argentinos optamos por el caudillismo y por la frase corta, vacía de contenido ontológico y de valores de verdad, pero -en apariencia- contundente y definitiva.

“Viva la santa Federación… Mueran los salvajes unitarios”; “Que se pierdan cien gobiernos, pero que se salven los principios”; “Por cada uno de los nuestros que caiga, caerán cinco de los de ellos”; “No hay vencedores, ni vencidos”; “Hay que pasar el invierno”; “Perón no viene porque no le da el cuero para venir”; “El que apuesta al dólar, pierde”; “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”; “Con la democracia no sólo se vota: con la democracia, se come, se cura y se educa”; “Síganme, que no los voy a defraudar”; “Hay que meterle bala a los delincuentes”; “El que depositó pesos, recibirá pesos. El que depositó dólares, recibirá dólares”… Y así.

La lista sería interminable y, de continuarla, estas breves reflexiones se convertirían en un muestrario de aforismos vernáculos… Algunos, lamentables.

Pero en la última década, las “frases célebres” (¿célebres?) se convirtieron en el único argumento de conversación entre nosotros, cuando de temas importantes se trataba. Siempre alentadas desde los atriles oficiales, con el dedo índice levantado, el ceño fruncido y la cadena nacional de radio y televisión lista y a las órdenes..!

Si alguien osaba hablar de los cortes de calles, rutas y puentes, recibía un contundente “no podés criminalizar la protesta social, facho!”.

Si algún ingenuo proponía discutir respecto del aumento de los delitos cometidos por menores de edad, el régimen penal juvenil o la edad de imputabilidad, era escupido con un “ningún pibe nace chorro, gorila!”

Si surgía el tema de la corrupción de ciertos agentes del Estado en una mesa familiar, desde la silla contigua le replicaban “estás viendo, leyendo y escuchando demasiado a la corporación mediática concentrada, cipaya y vendepatria…”

Si alguien se quejaba de la excesiva propaganda política en las transmisiones del Fútbol para Todos, era aplastado con un “oligarca!!! Mejor estábamos antes no?, con los partidos codificados para unos pocos…”

Frases. Rótulos. Estigmas. Panfletos…

Facho. Cipayo. Gorila. Oligarca. Golpista. Vendepatria…

También acá la lista sería demasiado larga y tediosa. Pero también, triste y miserable.

Si los argentinos logramos volver a pensar, discutir, disentir, respetar y ceder, lograremos abandonar el país panfletario y de las frases hechas, vacías de contenido.

Caso contrario, volveríamos a la Edad Media, donde, para paralizar y estigmatizar al que pensaba distinto, existía la etiqueta de “hereje”, que era sinónimo de cadalso y hoguera. Nosotros supimos reemplazar el hereje medieval por el moderno “facho”. Con idénticas cualidades e intencionalidades que las utilizadas por la Inquisición (en sentido figurado, claro. En Argentina no existe la pena de muerte…)

Creo que vale la pena intentar el cambio.

 

 

MCR

Nuevo vocabulario jurídico-penal del abolicionismo zaffaroniano

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El abolicionismo zaffaroniano impuso un nuevo vocabulario jurídico-penal.

Es que el catecismo-laico-obligatorio en facultades de Derecho, institutos de posgrado y Consejos de la Magistratura, al mejor estilo gramsciano, otorgó categorías ontológicas y valores de verdad a vocablos que, hasta hace muy poco tiempo, significaban otra cosa.

Ahora, el crimen se dice “conflicto”. Criminal, “sujeto en conflicto con la ley penal”. Cárcel, “jaula de exterminio”. Sistema penal del Estado, “aparato represivo”. Estado, “organización política deslegitimada”. Derecho Penal, “discurso represivo deslegitimante”. Poder Judicial, policías, servicios penitenciarios, patronatos de liberados, etcétera, son ahora “agencias del poder punitivo deslegitimado”. Reincidencia, peligrosidad, antecedentes criminales son las nuevas “categorías estigmatizantes del derecho penal del enemigo”, y así.

Leyendo el caso de un motochorro que, en Tucumán, le robó dinero en a un chico de seis años que iba a comprar al almacén, y, en La Plata, el caso de dos ladrones que maniataron a una anciana de 95 años para robarle dinero, no encuentro en el diccionario abolicionista el término adecuado para esta categoría de “sujetos en conflicto con la ley penal”.

Se me había ocurrido “hijos de puta”… Pero seguramente no será aceptado por los gurúes locales de esta nueva pseudo-doctrina.

Marcelo Carlos Romero

LA JUSTICIA PENAL Y EL SENTIDO COMÚN

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Un lugar común reza: “El sentido común es el menos común de los sentidos”Más que una reflexión profunda, parece un aforismo para adornar tarjetas de salutación o para el epígrafe de esas fotografías de atardeceres hermosos, destinadas a circular por Internet.

Sin embargo, en los últimos treinta años, el sentido común estuvo ausente en un lugar prohibido para dicha ausencia: el Sistema Penal del Estado (o aparato represivo, según la moderna terminología  progre).

A la ausencia de políticas criminales sensatas y duraderas, a la negación —pública y sistemática— de los problemas que acarrean el crimen y el criminal, a la desaparición de estadísticas serias y confiables respecto de las fluctuaciones del delito y de la violencia en las conductas delictivas, se le sumó un movimiento pendular-espasmódico que osciló desde la “mano dura/tolerancia cero” hasta el actual y absurdo abolicionismo penal, catecismo-laico-obligatorio en facultades de Derecho, escuelas de posgrado, Consejos de la Magistratura, etcétera.

La comunidad argentina ha comenzado a agraviarse frente a determinados fallos judiciales carentes de sentido común, alejados de la lógica, la sana crítica y el razonamiento fundado. Reñidos con las más básicas normas morales y éticas.

La corporación política y los aspirantes a integrarla sacan número para pedir la cabeza de los magistrados firmantes de estos fallos y “descubren” -treinta años después- que la pseudo-doctrina (foránea y berreta) abolicionista ha perturbado severamente el juicio crítico de los funcionarios que deben impartir Justicia en nuestro país.

La prensa especializada dedica horas y horas a la difusión de las sentencias y al debate entre especialistas.

Hasta los propios estudiantes de Derecho, tal vez sospechando que han sido engañados, están comenzado a dudar de las “verdades reveladas” con las que habían sido adoctrinados durante todos estos años.

Aunque extremadamente tardío, es un buen comienzo…

Pero, ¿qué hemos hecho en estas últimas tres décadas?

Aplaudir como bobos las frases inintelegibles, construídas con palabras inventadas (gramscianismo explícito), de los gurúes locales del abolicionismo vernáculo. Adorar a su máximo exponente y posicionarlo en la categoría de semi-dios del Derecho Penal Argentino. Hacer cola para conseguir una estampita de Michel Foucault, de Thomas Mathiesen, de Nils Christie, de Louk Hulsman, del mismo Raúl Zaffaroni…

Instalar obligatoriamente los ridículos postulados que consideran al “delito” como una “creación política”. Que el proceso penal es una farsa de los poderosos, quienes le quitaron a los particulares el “conflicto” y la posibilidad de resolverlo entre ellos. Que  la cárcel “no sirve para nada”. Que el Estado no está “legitimado” para imponer penas. Que la pena es otro “hecho político” para llenar de pobres e indigentes las “agencias” policiales y penitenciarias, para “saciar” las ansiedades de las clases dominantes frente a la “sensación de inseguridad”… Entre otras sandeces.

Mientras tanto, los delincuentes, brindaban con champán.

Durante este tiempo, los escasos “rebeldes” que quedábamos frente al nuevo catecismo laico-jurídico, éramos etiquetados como “dinosaurios”, “neo-punitivistas” o simplemente, “fachos”… El rótulo preferido de los progres para evitar la discusión de ideas.

Ahora, un soplo de aire fresco está ingresando. El abolicionismo penal, finalmente, está en tela de juicio.

Era necesario. Sobre todo luego de tanta necedad asfixiante.

 

Marcelo  Carlos  Romero

PERDÓN ZAFFARONI..! Carta abierta al magistrado de la Corte Interamericana de DDHH

Fiscal Romero's Blog

zaffaFoto Perfil

Sr. Magistrado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dependiente de la Organización de Estados Americanos, Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni, le ofrezco humildemente mis disculpas…

Quien escribe estas líneas no ostenta doctorados honoris causae, premios internacionales ni reconocimientos masivos de colegas y alumnos de todos los continentes.

Este humilde abogado se formó con aficionados y principiantes (sus acólitos los llamarían dinosaurios) del Derecho Penal, tales como Sebastian Soler, Ricardo Nuñez, Carlos Fontán Balestra, José Peco, Guillermo Ouviña, Carlos Creus, Ricardo Levene, Jorge Frías Caballero, entre otros, quienes no pudieron ver la luz que Ud. encontró en su prolífica carrera, que hoy se corona ocupando un sillón en el máximo Tribunal de Justicia continental.

Debido a mis severas limitaciones intelectuales nunca pude entender sus sabios postulados respecto del delito como “creación política”. Respecto del proceso penal como una “farsa de los poderosos”, quienes le quitaron a los particulares el “conflicto”…

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NISMAN. TRES AÑOS

nisman

Pasaron 3 años desde que el fiscal federal especial de la causa AMIA, Natalio Alberto Nisman, fuera encontrado muerto en su departamento del complejo Le Parc, en Puerto Madero, con un disparo en su cabeza, a pocas horas de haber denunciado a la entonces Sra. Presidente de la República, a quien fuera su  Canciller y a otras altas autoridades del anterior gobierno, y previo a su presentación ante el Congreso de la Nación.
Desde entonces  y  por muchos meses, fue más importante defenestrar al fallecido, su vida privada, su entorno familiar y su carrera profesional, que encontrar la verdad histórica de los acontecimientos.
Fue más importante criticar a quienes marchamos por las calles de la ciudad de Buenos Aires en su homenaje -nunca realizado por las autoridades constituídas, ni siquiera por la Procuración General de la Nación- que criticar a quienes hicieron añicos su denuncia sin, tan solo, investigar si era verosímil la hipótesis planteada por el procurador muerto, con la producción de la prueba por él propuesta.
Fue más importante decir cualquier cosa por los medios periodísticos tradicionales y por las redes sociales por parte de las personas que ejercían importantes cargos públicos a nivel nacional, que dotar a los investigadores naturales del caso de todo el apoyo y la tranquilidad necesarias para el correcto cometido de su misión… Por el contrario, por aquellos días, hasta las más altas autoridades de la Nación se ocuparon de “arriesgar” teorías sobre la muerte violenta del fiscal, calificaciones legales aplicables, posibles responsables, etc.
Fue más importante exacerbar -una y otra vez- el chauvinismo vernáculo anti-EEUU, con alguna dosis de anti-semitismo encubierto, tildando al fiscal muerto de “empleado” de la embajada norteamericana y de la MOSAD, que retomar rápidamente sus investigaciones sobre el atentado más sangriento de la historia argentina y encontrar -finalmente- a los verdaderos autores materiales, autores intelectuales, encubridores y cómplices de la masacre.
Fue más importante hablar públicamente una y otra vez sobre la preservación de la escena del crimen, que haberla preservado efectivamente aquella fatídica noche, evitando que el departamento de Le Parc se convirtiese en un pandemónium y que los videos del trabajo pericial fueran  el mejor documento didáctico para los estudiantes de criminalística… Sobre lo que NO se debe hacer!
Fue más importante -para la clase política en general- mirar de reojo cómo impactaba en las encuestas de opinión y en los sondeos de imágen la muerte del fiscal, que exigir al anterior gobierno un mínimo respeto por la división de poderes cada vez que sus máximos representantes presionaban públicamente a los jueces y fiscales encargados de resolver respecto de la denuncia presentada por el Dr. Nisman.
Como en tantas otras circunstancias de la historia argentina, fue más importante la difamación que la verdad. Como otras veces, la culpa fue de los muertos…
El paciente y meduloso trabajo del  Sr. Fiscal General,  Dr. Ricardo Saénz y de los abogados de la querella, logró que la Corte Suprema de Justicia de la Nación dispusiera finalmente que la investigación por la muerte violenta – homicidio- del Dr. Nisman se tramitara en el fuero federal.
Ahora, es tiempo de la paz y la serenidad que solo puede brindar la Justicia con el único objetivo posible: LA VERDAD.
Así sea!