EDAD DE IMPUTABILIDAD: LA HORA DE LA SALUD MENTAL

4-11-2010 014[1]La semana pasada, el joven T., de 15 años, 11 meses y 29 días de edad, cometió un homicidio. Por escasas 24 horas, fue declarado inimputable por el juez que intervino en la causa penal. Si hubiese accionado la cola del disparador de la pistola 9 mm que portaba contra la víctima, tan solo un día después, previo un debido proceso penal juvenil, pudo  haber recibido entre 8 y 25 años de cárcel…

Esta ficción, perfectamente posible en cualquier punto de nuestra República, muestra a las claras que el establecimiento de una edad cronológica que separe la imputabilidad penal de la inimputabilidad, es arbitrario. Lo mismo sucedería con un límite etario de 15, 14 o 13 años.

¿Qué hacer entonces con la edad de la imputabilidad?

Es posible una solución alternativa que dé por finalizada la eterna discusión sobre la edad de no punición. Un sistema mixto.

Que exista un límite etario es necesario. Las leyes deben ser normas generales que se aplican a los casos particulares. No podemos dejar librado al arbitrio del juez la estructura misma de los preceptos legales.

Pero es imperativo que, en una problemática como ésta, se permita una prueba en contrario a una presunción legal.

Que la persona que cometió un delito comprenda o no la criminalidad del acto depende de su evolución madurativa y no del taco calendario. No será el abogado, el juez, el fiscal o la matemática quien decida si el jovencito o la jovencita pudo discernir entre el bien y el mal, entre lo prohibido y lo pemitido, entre lo legal y lo ilegal.

¿Puede afirmarse, en forma tajante y absoluta, que un niño o una niña de 14 años no comprendan que matar a otro ser humano significa quitar una vida y que dicha conducta está prohibida por la ley, aunque no sepan ni lo que significa “Código Penal”?

¿Puede ser el sistema creado por el Papa Gregorio XIII  la única herramienta para discernir entre enviar a un ser humano a prisión o a su casa?

Ha llegado la hora de los especialistas en salud mental: Psiquiatras, Psicólogos, Neuropsicólogos, Neurólogos, etc.

Establecer una edad tope para la imputabilidad es necesario, como presunción. Pero es imperativo crear un sistema que establezca una prueba en contrario -trabajo pericial/científico- para los casos de delitos graves o gravísimos.

No es complicado establecer un sistema así. De hecho, ya existe en varios países del Common Law.

Solo resta no terminar los debates con panfletos del estilo “ningún pibe nace chorro”…

¿Cómo llamarlos?

abuela Foto: agencianova.com

 

El abolicionismo zaffaroniano impuso un nuevo vocabulario jurídico-penal. 

Es que el catecismo laico obligatorio en facultades de Derecho, Institutos de Post-grado y Consejos de la Magistratura, al mejor estilo gramsciano, otorgó categorías ontológicas y valores de verdad a vocablos que, hasta hace muy poco tiempo, significaban otra cosa.

Ahora,  el crimen se dice “conflicto”. Criminal se dice “sujeto en conflicto con la ley penal”. Cárcel se dice “jaula de exterminio”. Sistema penal del Estado se dice “aparato represivo”. Estado se dice “organización política deslegitimada”. Derecho Penal se dice “discurso represivo deslegitimante”. Poder Judicial, policías, servicios penitenciarios, patronatos de liberados, etcétera, se llaman “agencias del poder punitivo deslegitimado”. Reincidencia, peligrosidad, antecedentes criminales son “categorías estigmatizantes del derecho penal del enemigo”, y asi.

Leyendo el caso de un motochorro que, en Tucumán, le robó dinero en a un chico de seis años que iba a comprar al almacén, y, en La Plata, el caso de dos ladrones que maniataron a una anciana de 95 años para robarle dinero, no encuentro en el diccionario abolicionista el término adecuado para esta categoría de “sujetos en conflicto con la ley penal”.

Se me había ocurrido hijos de puta”… Pero seguramente no será aceptado por los gurúes locales de esta nueva pseudo-doctrina.

EL PROBLEMA NO ES ZAFFARONI… ¿O SI?

zaffa

“Si Nisman estuviera vivo, creo que yo lo ahorco porque me hizo leer su denuncia…”

 

 

El problema no es un juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, llamado Eugenio Raúl  Zaffaroni y sus delirantes reflexiones, que excitan por igual a estudiantes de Derecho, graduados, magistrados judiciales, periodistas y anarquistas decadentes.

El problema no son sus postulados y sentencias alejadas del sentido común, de la lógica y hasta de la cordura.

El problema no es la inversión del  paradigma del Derecho Penal, convirtiendo al criminal en víctima de la sociedad, y a ésta en victimaria de los excluídos.

El problema no es la biblia abolicionista que reza, entre otros dislates, que: El “delito” es una “creación política”. Que el Proceso Penal es una farsa de los poderosos, quienes les quitaron a los particulares el “conflicto” y la posibilidad de resolverlo entre ellos. Que  la cárcel “no sirve para nada”. Que el Estado no está “legitimado” para imponer penas. Que la pena es otro “hecho político” para llenar de pobres e indigentes las “agencias” policiales y penitenciarias, para “saciar” las ansiedades de las clases dominantes o del imperio, frente a la “sensación de inseguridad”, etcétera…

El problema no es la flagrante falta de respeto a la memoria del ex fiscal general federal especial para el caso AMIA, Dr. Natalio Alberto Nisman, cuya muerte violenta todavía  sigue siendo un misterio sin revelar.

El problema no es Zaffaroni… Sino su pseudo doctrina que está instalada en la República Argentina como obligatoria en facultades de Derecho, Institutos de post-grado, Consejos de la Magistratura y lleva treinta años lavando cerebros.

 

DESESTIMAR LA DESESTIMACIÓN

nisman

Natalio Alberto Nisman, el fiscal más importante de la República Argentina -ya que era el representante del Ministerio Público que investigaba el demencial ataque terrorista que redujo a escombros el edificio de la AMIA, llevando a la tumba a 85 personas y constituyendo el atentado más grave de la historia del Cono Sur- apareció muerto en su departamento del complejo “Le Parc”, en Puerto Madero, a pocas horas de haber presentado una gravísima denuncia contra la ex presidente de la Nación, Cristina Fernández, su ex Canciller Héctor Timerman y otros funcionarios y allegados al anterior gobierno.

La presentación del fiscal Nisman tuvo inmediata repercusión nacional e internacional y se esperaba una profunda investigación, en medio del espanto que cundía en la República Argentina luego de su muerte violenta, aún no esclarecida.

Nisman fue enterrado en el Cementerio Israelita de La Tablada. Con él, su denuncia y la investigación de su muerte. En pocas horas, el fiscal muerto se convirtió en mitómano, delirante, alcohólico, drogadicto, siervo de los servicios de inteligencia … Y hasta socio de los fondos buitre!!!  Su honra, su buen nombre y su memoria, fueron arrojadas a los perros carroñeros. 

En la escena del crímen del coqueto departamento de Puerto Madero, sólo faltó el pasaje de una tropilla de percherones y un concierto de la orquesta filarmónica de Buenos Aires,en medio de la sangre, vainas servidas, huellas digitales y demás rastros de interés pericial.

Pasaron casi dos años desde aquellos desgraciados acontecimientos. Durante todo este tiempo, la comunidad argentina vio como el Poder Judicial y el Ministerio Público -o algunos de sus integrantes- lograron colocar un elefante adulto en una caja de zapatos. La alquimia judicial para no investigar la denuncia de Nisman tuvo ribetes grotescos, absurdos, desafiando los límites de la racionalidad misma.

Tres jueces federales (Rafecas, Freiler y Ballestero),  y un fiscal federal (De Luca) decidieron que no debía investigarse una de las denuncias más graves de nuestra historia.

Los fiscales, representantes de los intereses de la comunidad en los procesos penales, debemos investigar las denuncias que llegan a nuestros despachos. De hecho, se investigan en nuestras fiscalías denuncias anónimas, llamados telefónicos, correos electrónicos, dichos de un vecino, artículos periodísticos, etc. Muchas veces, no logramos establecer la existencia de un delito. Otras tantas, aún existiendo una conducta delictiva, no logramos descubrir a sus autores, encubridores o cómplices. En ocasiones, los jueces consideran que la prueba de cargo reunida por el Ministerio Público es insuficiente para lograr una sentencia de condena, etc.

Pero, no investigar una denuncia, con medio centenar de medidas de prueba a producir, es inédito en la historia judicial argentina. También es vergonzante.

El fallo de la Cámara Federal de Casación Penal que ordena la apertura de la investigación de Alberto Nisman es un soplo de aire fresco en la vida republicana. Pero sólo eso. Ni siquiera es el capítulo 1 del libro “Cómo ser un país normal”. Es sólo el prólogo.

Como en la películas, sólo queremos saber la verdad y nada más que la verdad.

Nada más. Y nada menos.

LA DENUNCIA EN SU LABERINTO

NISMAN 2

 Para evitar actuales y futuras payasadas en el tratamiento de la denuncia  aún no investigada del fallecido fiscal Nisman, las organizaciones judías que actúan como querrellantes en la causa AMIA, deberían recusar a todos los magistrados que emitieron opinión sobre puntos a decidir -es decir, la sepultura de la denuncia del fiscal muerto- y que, tanto las salas de la Cámara Federal, como los fiscales que dictaminaron en contra de abrir la investigación, sean apartados de intervenir.

Minutos fantásticos o minutos de mierda :-)

victor küppers 🙂

Este es el mejor cuento que he leído en mi vida, lo leo si me da tiempo en mis sesiones y algunas personas me han pedido que lo publique porque no lo encuentran.

Los cuentos son fantásticos, especialmente para que los que somos un poco más cortos, porque te explican cosas complejas de manera muy sencilla. A mi siempre me han gustado y después de leer muchos éste es sin duda el que más me ha impactado y más me ha ayudado. Es un poco largo, pero vale la pena. Vale mucho la pena leerlo. No me atrevo a decir de quien es porque lo he visto publicado por diferentes autores, pero lo que si se es que mío no es :-). Allá va!!

“Ésta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador. Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es…

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