Minutos fantásticos o minutos de mierda :-)

victor küppers🙂

Este es el mejor cuento que he leído en mi vida, lo leo si me da tiempo en mis sesiones y algunas personas me han pedido que lo publique porque no lo encuentran.

Los cuentos son fantásticos, especialmente para que los que somos un poco más cortos, porque te explican cosas complejas de manera muy sencilla. A mi siempre me han gustado y después de leer muchos éste es sin duda el que más me ha impactado y más me ha ayudado. Es un poco largo, pero vale la pena. Vale mucho la pena leerlo. No me atrevo a decir de quien es porque lo he visto publicado por diferentes autores, pero lo que si se es que mío no es🙂. Allá va!!

“Ésta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador. Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es…

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PROMUEVEN REFORMAS A LAS EXCARCELACIONES

celdas

http://www.eldia.com/la-provincia/impulsara-vidal-un-nuevo-freno-a-las-excarcelaciones-176353#.WBc7ixIpGA8.linkedin

Es una saludable práctica republicana el hecho de revisar las leyes para mejorarlas o para adaptarlas a los nuevos tiempos que corren. Pero, en materia penal, si no se descolonizan las cátedras de Derecho Penal y de Derecho Procesal Penal, creando cátedras alternativas al abolicionismo obligatorio en la mayoría de las Universidades argentinas, y -peor aún- en los distintos Consejos de la Magistratura, seguiremos fabricando abogados agnósticos de la Pena y del Derecho Penal. Además, teniendo en cuenta nuestro sistema de control difuso de constitucionalidad,  cualquier juez abolicionista podrá tachar de contrarias a nuestra Carta Magna a estas normas… y a muchos magistrados les temblará el pulso cuando lleguen a sus despachos escritos del CELS, de la COMISIÓN por la MEMORIA, de la CORREPI, o de cualquier otro organismo de DDHH., objetando estas futuras reformas legislativas.

LA INDEPENDENCIA DE LOS FISCALES Réplica a la Dra. Mónica Cuñarro.

cartel

http://www.infobae.com/opinion/2016/10/20/la-independencia-de-los-fiscales-en-peligro/

 

 

La independencia de los fiscales está en riesgo cuando:

* Exista un Procurador, Procuradora, Fiscal General o como quiera llamarse al jefe o jefa del Ministerio Público de la República, militante de un partido o espacio político, defensor de un relato o de un”proyecto”, y que anteponga sus convicciones ideológicas por sobre el respeto irrestricto a la Constitución y la Ley.

* Se persigan fiscales por investigar a funcionarios de otros poderes (o a sus amigos y allegados), se le inicien sumarios administrativos o -directamente- juicios políticos con características de escándalo, como sucedió con el fiscal porteño  José María Campagnoli.

* Se intente disciplinar a los miembros del Ministerio Público Fiscal, prohíbiéndoles solapadamente que se expresen públicamente (el que firma estas breves reflexiones, fue reiteradamente sumariado por la Procuración General de la Pcia. de Buenos Aires por haber cometido el pecado mortal de expresar sus ideas por la prensa…)

* Existan “fiscales subrogantes ad hoc” , designados por simple resolución de la Procuración  General, sin la propuesta del Poder Ejecutivo y sin el acuerdo del Honorable Senado de la Nación.

* Existan fiscales designados para determinada jurisdicción que sean trasladados a otras, por cuestiones “operativas” o de “gestión”, contrariando el mandato constitucional por el cual juraron al asumir sus cargos.

* Se exija para aprobar los exámenes de admisión en el Consejo de la Magistratura -en Provincia de Buenos Aires, por ejemplo,  la adhesión lisa y llana, sin posibilidad de objeción alguna, a la nefasta pseudo-doctrina del abolicionismo penal.

* Existan fiscales que le pidan al Ministro de Justicia de la Nación que se “lave la boca”, cuando este funcionario osó criticar al gurú del penalismo argentino, Eugenio Raúl Zaffaroni.

* Existan fiscales abolicionistas… Es decir, algo más absurdo que un sacerdote ateo.

Por otra parte, no creo que el hecho de limitar el mandato del Procurador General de la Nación signifique poner en riesgo la independencia del Ministerio Público… Mas bien, todo lo contrario.

SOMOS PARTE DEL PROBLEMA… EMPECEMOS A SER PARTE DE LA SOLUCIÓN.

para-que-no-te-pase

“Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.

JOHN DONNE

Miles de argentinos golpearon simbólicamente  las puertas de nuestros despachos. Como campanas, sus voces, resonaron fuerte en la Plaza de los Dos Congresos. Muy fuerte.

Nuestros compatriotras marcharon sin banderas políticas. Tan solo con pancartas y carteles con fotografías de otros argentinos que ya no están entre nosotros. Argentinos cuyas sonrisas solo perduran en la imagen petrificada de las instantáneas. Algunos, ni siquiera con eso. Tan solo un papel con un nombre, un apellido, un apodo…

¿Mano dura? ¿mano blanda? ¿garantismo bobo? ¿abolicionismo? ¿derecha? ¿izquierda? ¿progres? ¿fachos?

Nada de eso.

Excepto en las guerras tradicionales entre naciones, las balas no tienen bandera, ni color político, ni ideología. La muerte, tampoco.

No hay velatorios de progres o de fachos. Solo hay muertos. Y lágrimas. Y ausencias perpetuas.

La marcha  del 11 de Octubre de 2016 debería ser una bisagra en la historia argentina. Debería ser recordado como el día en el cual, el grito de la sociedad penetró en la burbuja ideológico-doctrinaria de los despachos oficiales.

Ese martes soleado, miles de compatritas nos dijeron a los funcionarios “Ustedes son parte del problema… empiecen a ser parte de la solución…”

Empecemos, pues!

ABOLIR ES LA CUESTIÓN

balanza rota

ABOLICIONISMO PENAL

 

Relato neomarxista “soft”, que seduce por igual a estudiantes de Derecho, a letrados “progres” y a anarquistas oxidados, que todavía creen que la vida real es una canción de Joaquín Sabina, con insultos a la Polícía incluídos.

Es el discurso que ha invertido el paradigma milenario del Derecho Penal. El que sostiene que el criminal es la víctima de un sistema capitalista o neoliberal que lo excluyó y que la víctima es, en realidad, el victimario.

Es la perorata preferida de una secta, en la cual sus integrantes aseguran que el delito es una “creación política”. Que el proceso penal es una farsa de los poderosos, quienes le quitaron a los particulares el “conflicto” y la posibilidad de resolverlo entre ellos. Que  la cárcel “no sirve para nada”. Que el Estado no está “legitimado” para imponer penas. Que la pena es otro “hecho político” para llenar de pobres e indigentes las “agencias” policiales y penitenciarias, para “saciar” las ansiedades de las clases dominantes frente a la “sensación de inseguridad”…

Por supuesto, los abolicionistas se consideran una raza superior, con una inteligencia de otro planeta, muy lejos de nosotros, los dinosaurios, los que no entendemos nada, los “fachos”.

Que el abolicionismo y los abolicionistas han hecho un daño inconmensurable al Derecho Penal Argentino y a la Administración de Justicia Penal, no es ninguna novedad. Por el contrario, es un tema demasiado trillado.

Pero muy poco se ha dicho o escrito sobre la nefasta influencia de esta supuesta corriente doctrinaria en la prevención delictual, resorte exclusivo del Poder Ejecutivo.

En medio de la inaudita ola de inseguridad que nos azota, dónde no sólo el delito aumenta en cantidad, sino que -además- se incrementa la violencia en casi todas las formas de comisión criminal, y el negocio de la droga y el consumo masivo de estupefacientes inciden en forma directísima en ambas variables, los gobernantes y los aspirantes a serlo buscan desesperadamente las respuestas a las desesperadas demandas de la comunidad (o “de la gente”, como indican que debe decirse los modernos manuales de marketing político).

“Más policías en las calles”; “camaritas, botones de pánico y alarmas”; “policías municipales, locales, comunales, barriales, deportivas”, etcétera, parecieran ser las palabras mágicas con las que los dirigentes se ilusionan para construir las soluciones a aquellas demandas “de la gente”.

Pero, con la sóla presencia no alcanza. El delincuente no se intimida con la existencia de la Policía en las veredas. Ni con las cámaras. Ni con los patrulleros multicolores o con los jovencitos y jovencitas con sus impecables uniformes almidonados, caminando sin rumbo fijo por calles y avenidas… Por el contrario, los desafían constantemente. Es el ADN del criminal.

La prevención delictual es presencia policial, sí. Pero también es conocimiento, información, análisis. Es táctica y estrategia. Es adelantamiento a la conducta del ilegal.

Sin embargo, nada de esto sucede con la policía actual…

Desde hace años, diversos fallos judiciales han neutralizado -o directamente, eliminado- normas contravencionales, facultades policiales preventoras en conductas o sospechas de conducta pre-delictuales (vgr. merodeo, omisión de identificación, vagancia, etc.), eliminación de los álbumes de “modus operandi”,  satanización del denominado “instinto policial”  o de la llamada “actitud sospechosa”, etcétera.

 

ABOLIR ES LA CUESTIÓN

 

Con los rótulos de policización, policialización, estigmatización, militarización policial, derecho penal del enemigo, entre otros términos y frases que adornan cursos, conferencias, libros y revistas de los gurúes abolicionistas, distintos fallos judiciales hicieron posible que la fuerza policial se fuera quedando -exclusivamente- con la presencia, las camaritas y los patrulleros con calcos símil autos del TC 2000… Es decir, estar ahí, en la calle, con la esperanza de atrapar al delincuente in fraganti...

Obviamente, esto no es prevención. El criminal podrá ser aprehendido instantes después de haber cometido el delito… Pero ya habrá robado, violado o asesinado. La policía, en este caso, habrá llegado cinco segundos tarde. Pero tarde al fin.

 

MIRAR PARA EL COSTADO

 

Mientras los fallos abolicionistas se dedicaban a destruir la prevención delictual, durante muchos años los poderes ejecutivos (nacional y provinciales) “acataban respetuosamente” las decisiones de la Justicia…

¿Por qué?

Presumo que por tres razones:

La primera, era la excusa perfecta para deslindar responsabilidades,  argumentando respecto de los delincuentes, “la policía los atrapa, el poder judicial los libera”…

La segunda, constituía una oportunidad inmejorable para sostener el discurso progre-abolicionista, profundizar el “relato” y ganar más adeptos.

La tercera, todavía no había nacido el “partido judicial”, y no había necesidad de recurrir las decisiones jurisdiccionales hasta las últimas instancias procesales, presionar a los jueces o amenazarlos con juicios políticos.

En tanto, los delincuentes siguen ahí, tranquilos,  en las calles de un país que se acostumbró a vivir al margen de la ley.

 

 

SE NOS ESCAPAN LAS TORTUGAS

celdas

 

Cada vez que uno o más individuos se profugan del accionar del Sistema Penal del Estado, un aceitado mecanismo de instituciones y funcionarios públicos se pone en marcha para lograr rápidamente el paradero del o de los evadidos del aparato represivo estatal…

Esto sucede en los países normales, claro.

En la República Argentina, en cambio, se nos escapan las tortugas.

¿Por qué?

Porque no trabajamos como equipo, sino conformando un puñado de compartimentos estancos y en permanente competencia. Llegar primero es la consigna o, en su defecto, “vender humo” al superior o a la comunidad.

No es necesario ser un experto del FBI para aseverar que, ante una crisis del sistema, todos los mecanismos deben moverse en bloque y en forma coordinada. Como un reloj.

Sin embargo, en estas tierras:

La inteligencia criminal ha sido reemplazada por el espionaje de peluquería de señoras o de café de caballeros, en donde lo importante -y casi sagrado- es intervenir comunicaciones en forma ilegal, para obtener información privada o íntima, muy útil para la extorsión y el apriete, pero para prevenir delitos, nada.

El Poder Judicial y el Ministerio Público desconfían de la Policía. Le adjudican culpas y fracasos en la prevención, en la investigación, en la preservación de las evidencias, en la reserva de las actuaciones -secreto profesional- etc.

La Policía desconfía de Jueces y Fiscales. Los considera engreídos/as de traje y corbata; falda y tacos altos. Funcionarios/as de escritorio, sin experiencia, soberbios y no conocedores “de la calle”, “del barro”, de la realidad… (“¡Nosotros los detenemos y ellos los liberan!”; ”¡Nosotros estamos en la calle, ellos en sus despachos alfombrados!”)

Los Organismos de Derechos Humanos -estatales y no estatales- detestan a las Policías, a las Fuerzas de Seguridad y a los Servicios Penitenciarios y viceversa, y desconfían del Poder Judicial y del Ministerio Público.

El Poder Judicial y el Ministerio Público desconfían de los Organismos de Derechos Humanos, pero tienen terror reverencial ante sus presentaciones o declaraciones públicas.

Las Policías desconfían de los Servicios Penitenciarios y viceversa. También de las Fuerzas Federales de Seguridad (Gendarmería, Prefectura y PSA). Todos tienen “celos de uniforme” respecto del otro. Se auto-adjudican el real -y exclusivo- conocimiento del delito y del delincuente, despreciando la visión de la otra fuerza de seguridad.

Todos los organismos que integran el Sistema Penal desconfían de la prensa. Tienen pavor ante la difusión de noticias que los cite, aunque sea sólo al efecto informativo… Pero no despegan sus ojos de las pantallas de tv, diarios y portales de Internet.

Con este panorama no resulta extraño que, a modo de ejemplo,  los entonces prófugos de la cárcel de General Alvear, Martín Lanatta, Cristian Lanatta y Víctor Schilacci , fueran hallados por unos puesteros rurales…